Friday, April 07, 2006

A mi querida próstata


Su atención por favor: El señor Angel Justo García presentarse en el mostrador de Aerolíneas Argentinas con urgencia, Your atention please, Mr. Angel Justo García...
Otro que se pedió el vuelo, dije para mis adentros, bueno, es su problema, bastantes tenía yo desde que había salido de Roma, estaba varado en el aeropuerto de Canarias, había bajado para aprovechar la hora de reabastecimiento y hacer un poco de caminata y shoping en el free-shop. De pronto tuve unas ganas incontenibles de ir a un excusado, la vejiga estaba a punto de estallar, y yo corriendo de una punta a la otra del aeropuerto tratando de encontrar la silueta mágica que me permitiera liberar ese voluminoso caudal de líquido que ejercía una presión insostenible. ¡Por fin encontré un excusado libre! Parecía como si todo el mundo se encontrara en la misma situación, era para discapacitados o minusválidos, pero yo en ese momento me consideraba un minusválido. Entré con furia, cerré de un portazo, liberé mi instrumento, levanté la tapa, y la mejor música del mundo empezó a sonar en mis oídos mientras un placer infinito me invadía. Los prostáticos dicen que el orinar les produce un placer similar a un orgasmo, eso mismo estaba sintiendo yo. Fácil, debo haber estado orinando cinco minutos seguidos, y al terminar una sensación de alivio recorrió todo mi cuerpo. Bueno, ahora sigamos con el recorrido...Grande fue mi sorpresa cuando no pude abrir la puerta para salir de primera intención...¡upa! se trabó, intenté de nuevo y ¡nada!.
Probé con más fuerza girando el pomo de la puerta y es probable que me haya excedido en el intento porque éste se desprendió violentamente y fue a parar dentro del inodoro. Bueno, a tranquilizarse, busqué sin éxito alguna bolsa con que envolverme la mano, no encontré nada, todo era papel, hice de tripas corazón y con mucho asco pero con desesperación sumergí la mano en el agua del inodoro y tomé el pomo de la puerta. Lo coloqué dentro de la pileta e inmediatamente comencé a enjabonarme con devoción y esmero mis manos y la manija. Luego de una exhaustiva limpieza jabonosa, me sequé las manos y traté de colocar el pomo de la manija de la puerta. Pero algo no encajaba y yo empezaba a desencajarme. Golpeé la puerta con furia para ver si alguien de afuera me escuchaba pero al mismo instante una banda de música empezó a tocar en el aeropuerto, parecía que había llegado un visitante muy especial, y mis golpes se deberían confundir con los del redoblante y el trombón, mi desesperación iba en aumento...¡Pero es que nadie se iba a dar cuenta que había un pobre infeliz encerrado en el baño y cuyo vuelo estaba por despegar!. Pues así fue, nadie se dio cuenta, y el avión despegó sin mi persona. Luego de tres horas de infructuosa espera y golpes un policía abrió la puerta, alertado por un pobre hombre que en silla de ruedas estaba en una emergencia escatológica. Así estoy yo, perdido en un aeropuerto extranjero, sin mis valijas y con mi pasaporte a cuestas esperando el próximo vuelo hacia Buenos Aires y con un ataque de locura de aquellos. De pronto noto un gran revuelo en todo el aeropuerto, la gente que empieza a correr de un lado para otro, gritos, desesperación, parecía que estábamos en medio de la corrida de San Fermín, todos corrían para todos lados, pero no había ningún toro detrás. Detuve, debo decir me interpuse a un policía que pasaba corriendo, para preguntarle ¿qué estaba pasando?, sólo atinó a contestarme: “se cayó el 352”. Era el vuelo que había partido hacía unas horas con destino San Pablo – Buenos Aires – Santiago y que me había dejado varado...

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